sábado, 19 de diciembre de 2015

“Solo pueden contigo, si te acabas rindiendo”



Mientras sus pequeñas manos recorrían mis cicatrices me preguntó:
-         ¿Te duelen? Parecen caminos de duendes borrachos
Aquella mirada llena de amor, que se moría; me hizo reír. Sus dedos con olor a crema de farmacia y ese ambiente de hospital se transformaron:

Miko y Moki eran dos duendes que habitaban en mundo Mandarina, todos los días debían hacer el mismo recorrido. Porque en Mandarina cada uno, tenia su función nadie, nadie, podía cambiar los pasos, de lo contrario; su hábitat se vería amenazado y con ello su propia vida.
Un día Miko, le pudo la curiosidad y salió de su camino, observando que Mandarina, era una  entre un millón de posibilidades divertidísimas, sin pensarlo; arrastró a Moki hasta los confines de lugares insólitos para ellos. Pero tan entusiasmados estaban, que no vieron el peligro ¡Un gigante peludo, atrapó sus pequeños cuerpos y les cortó los pies!
Asustados regresaron a mundo Mandarina, allí todos les esperaban con tristeza creyendo, que su imprudencia les costó su función en la vida: no poder recorrer sus caminos una y otra vez y por tanto, su felicidad. Pero Miko y Moki no se rindieron y se hicieron unas alas con el pelo del gigante que le habían arrancado.
Como ya conocían lugares lejanos de gigantes y entes peligrosos, se sentían a gusto en su mundo y viendo sus caminos inacabados e imperfectos; reían desde el cielo “pues les parecían de duendes borrachos” Los demás, desde el suelo, solo podían pensar en la pena que sentirían Miko y Moki  mientras les veían volar.

La niña que escuchaba mi relato, se sabía feliz, a pesar de las miradas de pena de los demás.


¡Ahora vuela!

De musicos, poetas, pintoeres y locos todos tenemos un poco.

¡Vivir es increíble!